GARA, 06/11/02


      Iritzia > Kolaborazioak Lander Gallastegi Aratz - Padre de Orkatz, Irantzu y Lexuri
      «¡Y un día nos torturarán!»

      Cuando Franco venía a Bilbao, todos los «fichados» desaparecían, porque la Policía, por seguridad del dictador, hacía una redada de los que aparecían en aquella lista. Ahora no hace falta que los herederos de Franco visiten Euskal Herria; basta que le digan a Balza que no está cumpliendo con su parte en la represión de los independentistas para que éste eche mano de los ficheros y haga una redada de jóvenes. Les mantiene cinco días aislados torturándolos con todas las armas de que dispone el torturador entrenado. Balza y el portavoz del Gobierno Vasco, Imaz, han declarado que a mi hijo y a los otros detenidos se les ha tratado correctamente. Yo sí sé que cuando en otras ocasiones han detenido a mis hijos y les han tratado correctamente, así lo han dicho. Esta vez ha descrito con detalle las torturas y vejaciones. «Oso gogorra izan da, oso gogorra» repetía una y otra vez. Me figuro que la gente dudará entre creer a unos u otros pero les recordaré una cosa: que la ONU y Amnistía Internacional declararon que en el año 2001, la Ertzantza torturó a 17 presos vascos. En ninguno de esos 17 casos lo han admitido públicamente ni Balza ni Imaz, ni lo han investigado. O son tan incompetentes que no saben lo que pasa en su casa, o, lo más probable, son unos mentirosos que encubren un crimen.

      A los últimos detenidos, los ertzainas les han golpeado hasta perder el conocimiento repetidamente, les han amenazado a ellos y a sus familias, les han puesto grabaciones diciendo que los gritos eran de hermanos, les han drogado, han sufrido todo tipo de vejaciones sexuales. Es decir, la Ertzaintza, el que los manda: Balza; y los que le mandan a este «señor» se ríen de la condena de la ONU y Amnistía Internacional. Siguen los métodos de Sharon, Putin, Bush y Aznar para arrancar una autoinculpación. Y si no la arrancan, da igual, se les acusa de «ideología y antecedentes familiares». Así demuestran a Aznar que son fieles lacayos. Que lo importante es cumplir con las órdenes del que, como Franco, oprime a nuestra nación. Cumplen religiosamente así con lo que en su día dictó Mayor Oreja: «Lo importante no es que sean culpables, lo importante es detenerles». Y claro, torturarlos. Los últimos detenidos por la Ertzaintza han salido en peores condiciones físicas y psíquicas que los torturados por la Guardia Civil. No tengo duda de que tanto Balza como Imaz, con la mitad de las torturas sufridas por estos jóvenes firmarían que son hasta el mismo destripador.

      A nuestra casa han venido varias veces la Policía de Franco y, más tarde, la Policía española de esta «democracia». Tengo que admitir que ambas policías españolas se portaron con caballerosidad. Y también ha venido dos veces la Policía de la autonomía vasca, la Ertzaintza, a domicilios de nuestra familia; la última hace unos días. Estos, en cambio, han venido como bestias obscenas. Han destrozado puertas, han pisado en el cuello a un joven en el suelo apuntándole con metralletas; han sacado de noche a jóvenes desnudos fuera de casa manteniéndolos así durante horas; han llamado «putas» a las mujeres; se han llevado lo que han querido de toda la casa sin dejar nota de lo que se llevaban...

      El PNV, por no hablar de la independencia de nuestra patria, siempre ha hablado de las «libertades» y valores tradicionales de nuestro pueblo. Han escrito mucho (hoy no tanto) sobre cómo valoraban nuestros antepasados la inviolabilidad del domicilio. Irujo en su "Instituciones Jurídicas Vascas" escribe: «La casa del vizcaíno, dice Carnarvon, es un castillo, en el sentido enfático que entraña este concepto, pues a nadie, autoridad o ciudadano, le es permitido violar su santuario, castigándose severamente al juez que ordenara su allanamiento». Hoy en día sería demasiado pedir este respeto al domicilio, pero los Balza, Ibarretxe, Arzalluz... podían pedir a su brazo ar- mado, a su Ertzaintza, que se porten mínimamente como policía civilizada, y no como perros rabiosos que tratan de aterrorizar.

      También les ha gustado a los del PNV escribir sobre el Arbol Malato, donde nuestros antepasados clavaban las espadas con las que habían defendido su libertad, como señal de que una vez defendido su territorio, renunciaban a ocupar territorio extranjero. Lo delirante, lo grotesco actual, es que este Partido «Nacionalista» no es que no pasen más allá del Arbol Malato, sino que lo hacen cientos de veces colaborando con el invasor. Entregando a ese invasor de nuestra tierra a los que se les acusa de luchar por la independencia de nuestra patria, como los luchadores que clavaban sus espadas en ese árbol. Luchadores de hoy, que han prometido clavar sus espadas en ese árbol, si a nuestro pueblo se le garantiza decidir libremente su futuro.

      Cuando el PNV organizó su brazo armado, la Ertzaintza, el consejero de interior, Luis Mª Retolaza, la presentaba en público como algo similar a los «bobbies» ingleses, esos policías de casi exagerada caballerosidad. En cambio, a sus asesores alemanes les anunciaba que con este brazo armado acabaría con los independentistas de ETA. Lo que no dijo es que utilizarían los métodos de la Gestapo hasta tal punto que tanto la ONU como Amnistía Internacional les han condenado.

      Y todo esto para colaborar con el invasor. La enciclopedia Larousse, bajo «Cipayo» dice: «En los siglos XVIII y XIX, soldado indio al servicio de Gran Bretaña...», es decir, al servicio del invasor. Aquellos cipayos indios al final se sublevaron contra los ingleses, no sé si asqueados por lo que hacían. ¿Cabría esperar esto de nuestros cipayos? ¿O cabría esperar que como en Lituania el PNV y EA declarasen la independencia de Euskal Herria y mandasen a su Policía autonómica como hicieron los lituanos, a proteger el Parlamento donde se proclamaba la independencia? Si, como dicen repetidamente, están al servicio del pueblo, qué menos...

      Pero temo que el odio que se les ha inculcado en Arkaute, un odio que les lleva a aterrorizar, humillar, torturar y hasta a matar con impunidad sea de lo único que son capaces. Ese odio lo he sentido yo en mis carnes, como cientos de compatriotas, cuando acudí al funeral del hermano de un preso padre de nuestra ikastola. Estaba junto a la puerta de la iglesia cuando llegaba el preso, escoltado por «beltzas» para asistir a la misa. Sin la menor provocación ni indicio de desorden, un «beltza» se adelantó y me propinó un culatazo en la frente que me supuso, según me dijeron, dieciséis puntos de sutura y cuyas secuelas, tras varios años, aún sufro. Alguno preguntará si denuncié tal barbaridad. No lo hice por dos razones. Cuando la muerte de Rosa Zarra en Donostia, la forense declaró que el pelotazo en el vientre de un ertzaina a ocho metros de distancia no había sido la causa de su muerte, concluí que sería inútil jamás denunciar nada a forense alguno. Por otro lado también, cuando día tras día se presentan detenidos políticos ante los jueces como Garzón, jueces que no son ciegos ni sordos porque ven y oyen torturas hasta en Chile, y en cambio ni ven ni oyen a presos vascos a un metro de distancia con espeluznantes señales de tortura cuando éstos las denuncian, preferí denunciar lo mío al viento. Pero sí me quedó una cosa clara, que si ante decenas de testigos, eran capaces de hacer esto o ante miles son capaces de hacer lo que hicieron en la manifestación de Bilbao, de qué no serían capaces de hacer ante un preso indefenso y sin testigos.

      Ibarretxe habla constantemente y solemnemente de evitar divisiones, hasta con nuestro invasor, pero permite que su Policía esté creando una división de tal odio con sus actuaciones salvajes, que tardará generaciones en superar. Este odio llega hasta los muertos; no olvidemos los funerales de los restos de Lasa y Zabala y más reciente de Gurrutxaga. De nuestra casa se han llevado hasta recordatorios de gudaris muertos. Piensan que al desaparecer sus rostros desaparecerá también su ejemplo. ¡Ingenuos¡ Dice Thoma Paine: «Un conjunto de principios penetra hasta donde no avance un ejército de soldados» ni, añado, policías colaboracionistas. No teníamos recordatorio de Iñaxi Zeberio que ellos mataron en Gernika. Ibarretxe, su portavoz Imaz, Egibar, todo EA nos recuerdan machaconamente que el derecho a la vida está por encima de cualquier otro derecho; que la vida es sagrada. Entonces, ¿por qué la mataron pudiendo haberla detenido con vida? ¿Hay una ética especial para defender un Estatuto que no existe para recuperar la independencia?

      El otro día el PNV celebró el «Día del Gudari»... ¿Por qué fueron a la guerra aquellos gudaris? Decía Manuel de Irujo, del PNV y ministro durante la guerra civil: «¿Acaso fuisteis a la guerra por defender vuestra fortuna, vuestra posición social, vuestros intereses económicos? Los vas- cos, como todos los pueblos luchan en primer término por su patria, por su libertad...». Pero Ibarretxe declara que la meta de su propuesta es vencer a ETA para pactar amablemente con España. Que nuestro pueblo necesita la «paz» para su bienestar económico... Que no se plantea la libertad de nuestra patria... Ibarretxe entrega a España a los gudaris que sí luchan por esa libertad. Ibarretxe y su partido y gobierno se callan y así aprueban las torturas, terrorismo y asesinatos de su policía y de la española. ¡Gudari Eguna! ¡Maldita hipocresía!

      El abuelo de Orkatz, hace más de 70 años, escribió que un día los autonomistas fusilarían a los independentistas. No se imaginó que también torturarían. El torturar a un preso indefenso es lo más cobarde, el último peldaño de la degeneración del hombre. No se imaginaba que los «nacionalistas» llegasen a eso. -

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